A diferencia de la alopecia androgenética, que avanza despacio y respeta ciertas zonas, el efluvio telógeno afecta a todo el cuero cabelludo por igual. No es una enfermedad en sí misma, sino una reacción del folículo piloso ante algo que le ha ocurrido al organismo semanas o meses antes, y en la mayoría de los casos tiene un buen pronóstico si se identifica la causa.
Por qué se produce
El pelo crece en ciclos: una fase de crecimiento activo que dura años, y una fase de reposo, mucho más corta, tras la cual el pelo se desprende de forma natural. En condiciones normales, solo un pequeño porcentaje de los folículos está en esa fase de reposo en un momento dado. En el efluvio telógeno, un desencadenante concreto empuja de golpe a un porcentaje mucho mayor de folículos hacia esa fase de reposo, y semanas después, cuando ese pelo cae, la caída se percibe como brusca y masiva.
Entre los desencadenantes más frecuentes están el parto, procesos febriles o infecciones importantes, intervenciones quirúrgicas, pérdidas de peso rápidas, déficits nutricionales, cambios o suspensiones de determinada medicación, y periodos de estrés físico o emocional intenso. El desencadenante suele haber ocurrido entre dos y tres meses antes de que empiece a notarse la caída, un desfase que a menudo hace que el paciente no relacione ambas cosas por sí solo.
También debemos diferenciar entre efluvio telógeno agudo, y crónico, este último se alarga más de 6 meses y debemos descartar causas, como alteraciones tiroideas, ferropenia o déficits nutricionales mantenidos, que perpetúan el cuadro.
Tratamiento: cómo lo abordamos
El primer paso, siempre que sea posible, es identificar y corregir el desencadenante: tratar un déficit de hierro, ajustar una alteración tiroidea, o simplemente dar tiempo al organismo tras un parto o una enfermedad. Sobre esa base, el tratamiento capilar se orienta a acortar el proceso y proteger la densidad mientras el ciclo del pelo se normaliza.
El tratamiento tópico, con principios activos que favorecen la fase de crecimiento del folículo, suele ser la primera línea tanto en el efluvio agudo como en el crónico. Cuando está indicado, añadimos tratamiento oral, dirigido a reforzar la actividad del folículo o a corregir la causa de fondo cuando la analítica lo justifica, con pauta y duración ajustadas a cada paciente.
La suplementación se plantea siempre de forma individualizada, a partir de la historia clínica y, cuando procede, de los resultados analíticos, nunca como una pauta genérica igual para todos los pacientes.
La mesoterapia capilar, con complejos vitamínicos y antioxidantes o con factores de crecimiento autólogos obtenidos de la propia sangre del paciente, aporta un estímulo directo sobre folículos que necesitan recuperar actividad, y es especialmente útil cuando el efluvio se ha cronificado o el paciente quiere acortar el proceso. En casos seleccionados incorporamos también láser de baja potencia, que mejora la microcirculación del cuero cabelludo y complementa al resto del tratamiento.
Ningún tratamiento sustituye al abordaje de la causa. Por eso el plan siempre parte de la historia clínica y, cuando es necesario, de los resultados analíticos, y no solo del aspecto del cuero cabelludo en consulta.
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